- Tenía 7 años cuando fui mutilada. Mis padres estaban fuera, y mis familiares lo organizaron todo. Aquello fue una fiesta. Durante un mes me hicieron sentir como una princesa: todo el mundo me regalaba bombones, flores, juguetes etc. No te lo podrías imaginar. En vez de ser algo aterrador y que da miedo, lo convierten en una gran celebración en la que pasas a ser mujer. De hecho, yo fui orgullosa a que me circuncidaran, porque así la comunidad te acepta y eres uno más.
- Y 20 años después, ¿cómo se siente?
- Sufro las consecuencias físicas, emocionales y mentales, que son devastadoras. Es una práctica espantosa que te produce secuelas de por vida. Padezco unos dolores horribles, pero ya no hay nada que los médicos puedan hacer por mí, porque el daño está hecho.
ANE URDANGARIN/ El Diario Vasco. Martes, 6 de marzo de 2007
Hawa es originaria de una comunidad de Eritrea en la que se practica la mutilación genital de tipo III (infibulación). Desde 1980 vive en los Estados Unidos y actualmente es ciudadana americana. Está doctorada y enseña en una Universidad en la que es muy respetada.
Hawa está divorciada y tiene una hija de seis años. Ella ha comentado a IRIN los devastadores efectos psicológicos que cree que la MGF le ha provocado añadiendo que, aunque posee capacidad de experimentar placer sexual, el acto sexual no le produce satisfacción y piensa que esto ha contribuido a la ruptura de su matrimonio.
Cuando se le pregunta si va o no a circuncidar a su hija, Hawa presenta una curiosa ambivalencia. Antes de que ella naciera, tenía muy claro que la MGF era una práctica terrible que debía ser erradicada. Hoy, como madre de una niña que está creciendo en América, ha moderado su oposición a la MGF.
Está preocupada por la percepción de que la comunidad estadounidense está excesivamente sexualizada –por todas partes hay muestras de libertad sexual e imágenes que muestran a las mujeres como objetos sexuales. Entre la comunidad Afroamericana en particular, la libertad sexual ha llegado a tal extremo que las jóvenes, a menudo, tienen hijos con más de un padre. Inevitablemente, esto va en menoscabo de otras actividades necesarias para ellas como la educación, la formación profesional, etc.
En este ambiente, la perspectiva del despertar a la sexualidad de su hija, asusta a Hawa. Ella lo ve como un potencial “talón de Aquiles” que puede conducir a su hija a un camino de bajos logros personales, embarazo precoz y dependencia de la seguridad social. Aunque parezca increible, a Hawa le resulta atractiva una MGF que redujera a una sombra la urgencia sexual de su hija.
Traducido de: Razor’s Edge - The Controversy of Female Genital Mutilation - IRIN Web Special, March 2005 - Page 6
Para Adelaine Abankwah, la vida tampoco ha sido fácil: tras huir de Ghana, su país natal, para salvarse de la mutilación genital, en marzo de 1977 llegó a Estados Unidos sólo para ser encerrada.
Adelaine es una entre miles de mujeres que emigran de su país hacia Estados Unidos cada año por persecuciones de este tipo: violación masiva, mutilación genital, ser forzadas al aborto o al matrimonio. Pero aquí hay otra injusticia. Esperando ser protegidas por un Estado que se dice democrático, sólo encuentran las rejas en cuanto llegan.
Su historia no es diferente a la de otras chicas; Adelaine la describe así: "Mi madre era la reina de nuestra tribu. Había estado enferma, pero era fuerte y yo no esperaba que ella muriera. Pensaban que seguramente me casaría con mi novio. Sin embargo, ella murió y, por tradición, su hija primogénita se convertiría en reina. Para subir al trono debes ser vir gen y mi abuela planeó un matrimonio para mí. Yo le dije que tenía novio y que en cuanto me revisaran antes del matrimonio se darían cuenta que no era virgen. Ellos intentaron castigarme cortándome los genitales".
A diferencia de otras comunidades africanas que tienen este tipo de métodos hacia las mujeres, la tribu de Adelaine no es musulmana, pero utilizan la mutilación genital femenina como castigo. Por eso ella escapó hacia Estados Unidos.
María Esther Espinosa C.
Una profesional de Malí con un diploma universitario francés relata su experiencia:
“La práctica de la infibulación y de la escisión están muy extendidas en nuestra sociedad. Aunque hoy día las mujeres jóvenes y las niñas se rebelan contra ella, las personas mayores se resisten al cambio. Lo que ocurrió en mi familia es un ejemplo: Tras adquirir conciencia de todos los problemas resultantes de las operaciones genitales, mi marido y yo decidimos que no permitiríamos que nuestras hijas sufrieran una infibulación ni una escisión. Mis hijos nacieron en Francia, donde tanto mi marido como yo terminamos nuestros estudios. Cuando regresé a Malí, mi madre me preguntó si las niñas estaban operadas. Le respondí que no y que además me oponía a ello.
Durante las vacaciones de los niños, como yo había encontrado un trabajo, los dejaba con mis padres. Un día, al regresar del trabajo, pasé por la casa de mi madre… ¿Dónde están las niñas?, le pregunté. “Oh, están en su habitación”, respondió. Ellas estaban tumbadas en el suelo sobre algunas mantas. Sus ojos y caras hinchados me quitaron la respiración y grité: “¡Qué le ha pasado a mis niñas?”. Pero antes de que ellas pudieran responder, mi madre replicó: “No te preocupes por mis nietas. Han sido escisadas e infibuladas esta mañana”.
No puedo explicar lo que sentí en aquél momento. ¿Qué podía hacer contra mi madre? En mi interior, crecía la indignación, pero estaba desarmada contra ella. Mi primera reacción fue llorar. Ella me dijo: “Deberías sentirte muy feliz. Todo ha resultado muy bien con las niñas.” En lugar de ser irrespetuosa, pues esto se toma muy a mal en nuestra sociedad… abandoné la casa rapidamente.
Yo no creo que se pueda hacer nada a menos que las mujeres a quienes concierne discutan abiertamente sus objecciones contra esta práctica.”
Fran P. Hosken, The Hosken Report: Genital and Sexual Mutilation of Females, 1993 (fragmento)
Khady Koita tenía siete años cuando su familia decidió que había llegado el momento. Se acercaron a ella y se lo comunicaron. "Hoy, niña, vamos a purificarte, para que puedas acceder a la oración", dijeron. La niña no entendió enseguida el significado de la frase, que podría haberse pronunciado así: "Hoy, niña, vamos a mutilarte, vamos a extirparte el clítoris con una cuchilla". Eso por lo menos es lo que hicieron, a Khady y otras niñas de su entorno, ese día, en Senegal. Era 1967, y nadie lo impidió. Dos décadas después, la escena se repitió, una vez más, en el corazón de la moderna y civilizada Europa. En París, tres niñas sufren el ritual de purificación. Son las tres primeras hijas de Khady. "No supe evitarlo y es el más grande remordimiento de mi vida", dice Khady en el madrileño Café Gijón.
[…] "Yo tenía 13 años cuando me casaron con un hombre que apenas conocía. Éste me llevó a París. Tuve mi primer hijo con 17". Siguieron otros cuatro, prácticamente uno al año, entre vejaciones, palizas, humillaciones. "Mutilaron a mis hijas sin que yo lo supiera. Pero da igual: imaginaba que pasaría antes o después, y no supe evitarlo"
[…] "Empecé a frecuentar un círculo de mujeres africanas en París. Ellas fueron las primeras en hacerme entender que yo era un ser inteligente. Que podía ayudar a otras mujeres. Intenté cultivarme, salir del agujero, pese a las trabas de mi marido. Encontré un trabajo. Poco a poco empecé a entender que esa tradición no es otra cosa que una inaceptable violencia hacia las mujeres. Que la religión no exige ninguna mutilación. Que es sólo una manera que los hombres tienen de controlar la sexualidad de las mujeres, de mantenerlas humilladas y bajo su control. Aunque mis hijas hubiesen ya sufrido eso, había muchas en mi entorno y en todo el mundo por las que todavía era posible hacer algo", explica. Así empieza una militancia por la que, entre otros, el Consejo General de la Abogacía Española le ha entregado un galardón como defensora de los derechos humanos.
"Todo nuestro sufrimiento es a causa del hombre, para el placer del hombre. Yo no he sido creada así. Insisto, no es la religión la que exige que se nos haga esto. La mutilación no está en los textos sacros. La ignorancia hace que muchos lo consideren un ritual sacro. Pero ni es un ritual, ni es sacro...", argumenta Khady, que intenta informar, a través de conferencias, cursos, asociaciones y hasta yendo puerta a puerta.
Su cuarta hija es una joven mujer con clítoris. Esta vez, Khady lo consiguió.
Khady Koita es presidenta de la Red Europea de Lucha contra la mutilación genital femenina.
ANDREA RIZZI. El País. 5 de enero de 2008
Elegida como mujer del año por Naciones Unidas en Kenia, Agnes Paregio es una activista social de origen masai que se dedica a visitar las escuelas de su comunidad para luchar contra la ablación de clítoris. Con una vagina de madera y una serie de gráficos, se dirige a los estudiantes, tanto varones como mujeres, para concienciarlos sobre los trastornos físicos y psicológicos que produce esta tradición. Sus charlas provocan al principio risas y vergüenza, pero lo cierto es que deja una impronta en los jóvenes, ya que al final de la exposición permanecen en silencio. Además, Agnes cuenta con un centro de acogida destinado a las niñas que huyen de sus casas para evitar sufrir la mutilación genital femenina, y actúa como intermediaria con sus familias. Infatigable en sus deseo de salvaguardar la salud de las menores, se desplaza a las chozas de paja y adobe y habla con los padres y abuelos. Intenta convencerlos de lo dañino que resulta este ritual, símbolo del pasaje de la infancia a la edad adulta. "Para los masai, una joven no está lista para casarse si no se le ha practicado la ablación. Los hombres no las quieren entre sus esposas, y la familia no recibe la dote que se suele entregar a cambio", explica Agnes. "Yo trato de alentar a la gente a que adopte rituales simbólicos, que no impliquen poner en riesgo la salud de las mujeres, como sucede con la mutilación genital, que las perjudica enormemente a la hora de mantener relaciones sexuales o de dar a luz". [Link]
[…] La enérgica Zeinobu es la presidenta de la cooperativa de 12 mujeres, promovida por la ONG Asociación Mauritana contra las Prácticas Tradicionales Nefastas. Hasta hace tres años vivía de practicar ablaciones, como sus tres compañeras. Lo hacía una o dos veces al día. Cobraba la voluntad, lo que los padres de las niñas quisiesen darle; 500 ougiyas, por ejemplo. Dice que ella nunca tuvo problemas, pero sabe de casos de niñas muertas. Cuando, en un taller, supo lo que podría pasarles a las más de 4.000 niñas que mutiló, adquirió el furor de los conversos.
Ana Alfageme. La ablación mutila África (fragmento) El País. 19/06/2006
En algunas zonas de África, las comunidades Islámicas creen, equivocadamente, que la práctica de la MGF es requerida por la religión. Pero en Costa de Marfil, la religión se ha puesto al servicio de la lucha contra la MGF.
El Hadi Kassoum Traoré, un imán de una pequeña mezquita en Belleville –una de las áreas más pobres en el corazón comercial de Abidjan- reserva un tiempo durante la oración del viernes para explicar los riesgos de la MGF a los feligreses.
Desde el inicio de su batalla contra la MGF hace casi dos meses, Traoré ha pedido a los creyentes que no mutilen a sus hijas y que condenen a aquellos que practiquen la MGF. Además, les ha pedido a los/las escisadore/as que dejen de realizarla. Cada semana, Traoré se reune con los ancianos de la comunidad musulmana de la zona para debatir la circunsición.
“La práctica de la escisión no está autorizada en ningún lugar del Corán ni de la Biblia”, dice. “Es una práctica tradicional. Pero sus riesgos son tales que debemos plantearnos terminar con ella.”
[…]
En otra zona de Abidjan –esta vez en una iglesia- se avisa también de los riesgos de la MGF. “Si alguno de los presentes está relacionado con la práctica, que abandone ya”, avisa François Miézan, pastor de la Iglesia Metodista de Il Plateaux. “ Si le quitas un órgano a una persona, estás cometiendo un crimen.”
Miézan también les solicita a los creyentes que denuncien a los escisadore/as a la policía. La MGF está prohibida en Costa de Marfil desde hace una década. Sin embargo, las tradiciones y las costumbres hacen que la práctica persista, a pesar de las campañas en su contra.
Fulgence Zamblé. Inter Press Service (Johannesburg). allAfrica.com. 6 de noviembre de 2007
La dañina práctica de la mutilación genital femenina está descendiendo en uno de los países más habituados a la misma, Níger, donde se ha reducido en los últimos ocho años a más de la mitad.
El fondo De las Naciones Unidas para la Infancia, Unicef, informó que el número en los casos de mutilación genital femenina en Níger está en caída. Según la agencia de la ONU, la práctica cayó, entre 1998 y 2006, del 5% al 2,2%. La disminución en la tasa de mutilación genital femenina es el resultado de una combinación entre varios factores, como la nueva legislación implementada en el país y las distintas iniciativas lideradas por el Unicef junto a las comunidades. Sin embargo, de acuerdo con Unicef, todavía existen graves disparidades étnicas y geográficas. Desde el 1992, Unicef trabaja en colaboración con el Comité de Prácticas Tradicionales de Níger con vistas al fin de la mutilación. En 2007, uno proyecto educacional, centrado en alertar de los peligros de la práctica, fue implementado en varias comunidades nigerinas. El proyecto se dedica a la promoción del diálogo entre hombres y mujeres de diferentes generaciones.
Por staff writer. afrol News, 4 de Junio de 2008
Parlamentarios de Egipto aprobaron el fin de semana una legislación que criminaliza la antigua cultura de la mutilación genital femenina (MGF) en el país. En virtud de la ley promulgada, quienes sean declarados culpables de practicar la MGF pueden ser encarcelados entre tres meses y dos años, además de una multa de 900 dólares.
Los miembros del mayor grupo opositor Hermanos Musulmanes se opusieron a la nueva enmienda y se abstuvieron en la votación. Criticaron además al resto de parlamentarios por dejarse arrastrar por la influencia occidental en la medida de contradecir la ley islámica. […] La muerte de dos niñas, de 12 y 13 años de edad en el sur de Egipto, mientras se sometían a la práctica de forma ilegal en una clínica el año pasado impulsó la prohibición de la MGF en el país. La muerte de las jóvenes obligó al Ministerio de Salud a anunciar una prohibición sobre la MGF en todas sus formas. También prohibió a todos los médicos la realización de cualquier operación relacionada con la MGF. La más alta autoridad musulmana de Egipto, el Consejo Supremo Islámico de Investigación Al-Azhar, se ha unido a la primera dama Suzane Mubarak para apoyar al gobierno en esta acción. Mubarak ha actuado como una de las voces más críticas contra la práctica de la MGF en Egipto.
Por staff writer. afrol News, 9 de Junio de 2008
Los ritos de iniciación alternativos capacitan a las comunidades a mantener los aspectos culturalmente relevantes de sus ritos, extrayendo de los mismos el dañino corte de las niñas; con ellos se les muestra que la campaña no es contra sus costumbres en conjunto, sino sólo contra la MGF.
La primera ceremonia ritual alternativa se realizó en 1996 en Gatunga (distrito de Meru), una pequeña población a un tiro de piedra del segundo pico más elevado de África: el Monte Kenia. Se llamó “ntanira na mugambo”, literalmente “circuncisión por medio de palabras”
Cincuenta familias del pueblo enviaron a sus hijas a una semana de retiro, durante la cual se educó a las niñas en cuestiones de salud reproductiva, VIH/SIDA, comunicación, autoestima y manejo de conflictos entre pares. La semana se cerró con celebraciones y festividades, cantos y bailes de la comunidad, y entregando regalos a las niñas, que regresaron como mujeres sin haber sufrido el daño y el dolor de una MGF.
Desde entonces, anualmente tiene lugar una ceremonia ritual alternativa en varios distritos y el número de familias que eligen esta opción en lugar de la MGF sigue aumentando.
Razor’s Edge - The Controversy of Female Genital Mutilation - IRIN Web Special, March 2005 - Page 13
Último día de la gran reunión que se realiza, en la región de Thies, en Senegal, en conmemoración del décimo aniversario del “Juramento de Malicounda”. El 31 de julio de 1997, en la población de Malicounda Bambara, 35 mujeres firmaron esta declaración en la que se comprometían a abandonar la práctica de la escisión en Senegal y en el continente africano.
Hoy día, ellas acuden desde más de 2300 poblaciones de Senegal, pero proceden también de Malí, de Guinea e incluso de Mauritania. Además del aspecto festivo, lanzarán una campaña para el abandono total de la práctica en Senegal y su objetivo, de aquí al 2015, es lograr la disminución de esta práctica en el conjunto del continente africano.
La campaña de este año se ha llamado JKB, una expresión bambara que significa: “Reunámonos y decidamos juntos”. Diez años tras la primera declaración, las mujeres reunidas este fin de semana, no pueden más que alegrarse de los resultados de las actividades que han realizado durante un decenio. De las 5000 poblaciones censadas en Senegal, más de 2300 han abandonado la escisión gracias a las campañas de sensibilización, educación y toma de conciencia sobre los derechos humanos, animadas sobre todo por la UNICEF y la ONG local Tostan.
RFI. 05/08/2007