Jadidja Diallo, senegalesa y víctima de la mutilación, trabaja desde hace diez años como voluntaria en la prevención y ayuda a las víctimas en la organización GAMS (Grupo de Mujeres para la Abolición de las Mutilaciones Sexuales) de Bélgica, y describe indignada el caso más duro que ha tratado: el de una joven somalí infibulada que acudió a GAMS en busca de asilo. «¡Tenía los labios completamente cosidos!», exclama. «La joven había orinado y expulsado su menstruación a fuerza de hacer presión sobre su vientre durante toda su vida». Tras convencerla para que se operase, la ira de su hermano fue tal, que se la llevó a los Países Bajos para recoserla. «La he buscado por todas partes, pero nunca supe nada más de ella», dice Jadidja, a quien, desde que emprendió la búsqueda, llaman «Madame flic» (Señora policía).
Laura Villena. ABC. 17 de diciembre de 2006
Algunos países, como los Estados Unidos, reconocen la amenaza de MGF como base para la solicitud de asilo. En 1966, Fauziya Kassindja fue la primera mujer en conseguir asilo en los Estados Unidos debido a que, si era deportada a su Nigeria nativa, le sería practicada una MGF
Razor’s Edge - The Controversy of Female Genital Mutilation - IRIN Web Special, March 2005 - Page 7
De las diversas formas de intimidación que existen contra el sexo femenino, una deja estupefacta a Europa: la denominada Mutilación Genital Femenina (MGF).
Sabah Sidler lucha por evitar que haya más escisiones realizadas en nombre de una mentira que ha prevalecido -dicen- desde hace más de 4.000 años y de la que que ella fue víctima en su país de origen, Yibuti.
"A los seis años me hicieron la escisión. No lo lamento, pues no puedo volver al pasado; pero ahora lucho para que otras chicas no sean mutiladas", sostiene con firmeza.
Sabah se ocupa del tema en el centro de encuentro dirigido a las mujeres negras en Zúrich (Treffpunkt für Schwarze Frauen).
"Uno conoce sólo eso y nada más"
Antes de llegar el día de la ablación, su madre le explicó la razón de este corte genital: "Si no lo tienes, no encontraras jamás un buen marido."
"Traía un vestido azul. Estaba muy contenta. Mis tías y mis vecinas estaban allí, pero todos los hombres habían partido, porque se trata de un ritual entre mujeres. Mi madre me detuvo la cabeza, mis tías, cada una, una mano, un pie... mientras la mujer hizo su trabajo".
Sabah recibió una anestesia local al momento de los cortes en su piel, aunque no pudo escapar de los dolores posteriores. Un mes sin caminar, atada con lienzos para evitar que la sutura se abriera. Había dejado de ser una mujer impura.
Debieron pasar 14 años para que descubriese el engaño en el que ella y sus ancestros han vivido, en una sociedad donde no existe otro destino para las niñas. En Yibuti "uno conoce sólo eso y nada más".
"Con 20 años, cuando trabajé para la organización Farmacéuticos Sin Fronteras en Kenia, en Zaire y en Ruanda conocí mujeres a las que no se les había hecho la escisión, que podían tener relaciones con su pareja. Para mí fue como si me hubiesen mentido durante toda mi vida, durante toda mi juventud."
Hoy, con 30 años de edad y radicada en Suiza, exige que la tradición termine para las nuevas generaciones: "No quiero que nos cuenten mentiras que yo personalmente viví en mi país".
En Zúrich, Sabah conversa con mujeres inmigrantes venidas de África sobre educación, sobre las consecuencias dolorosas de la escisión genital, una forma de evitar que las madres sigan la costumbre, aún estando en Suiza.
"Les pido que vengan sin sus maridos y entonces conversamos. Les narro mi experiencia, los malestares que les ocasionaría a sus hijas el corte genital y les advierto que en este país es una práctica ilegal".
Hablan de sexo, de las inconveniencias de la ablación, ven filmes sobre los temas que fueron tabú para muchas de ellas en sus países de origen.
Ante la pregunta de si conoce casos en los que los padres deciden realizar la ablación a sus hijas fuera del país, responde de manera negativa "porque la mayoría están aquí a la espera de una respuesta para obtener asilo y no pueden salir de Suiza".
Patricia Islas Züttel. swissinfo.ch. 11 de marzo de 2005 - 0:27
En el primer día de trabajo de la ginecóloga Fabienne Jäger llegó a su consultorio una mujer somalí con ablación y en cinta.
Pese a que en sus estudios en la Universidad de Lausana el tema de la Mutilación Genital Femenina (MGF, como se nombra en Occidente) jamás fue abordado, la ginecóloga lo conoce bien. Un interés personal por la salud de estas mujeres la llevó a realizar una estancia en Somalia, tras concluir sus estudios universitarios.
A su regreso a Suiza, la doctora Jäger contaba con las herramientas para poder conversar con su paciente en un marco de confianza, en el Centro Hospitalario Universitario del Cantón de Vaud.
"He estado en Somalia", le indicó a su nueva paciente para romper el hielo y seguir con las explicaciones sobre el procedimiento a seguir para el parto ante un caso con infibulación:
La paciente ha llegado con la variante más extrema de la escisión genital femenina, la infibulación, en la que además de haber quitado clítoris y labios inferiores, la parte exterior del órgano reproductor femenino ha sido cosida y sólo un orificio (normalmente agrandado por el mismo esposo o por las mujeres del grupo al que pertenece la mujer), permite realizar el coito.
El conocimiento, vehículo de comprensión mutua
¿Aquí en Suiza cómo se hace para que la mujer con la escisión pueda dar a luz?, pregunta swissinfo a la ginecóloga: "Hay que abrir de nuevo y eso se hace normalmente durante el parto. Una forma de evitar una operación durante el periodo de gestación. Por ejemplo, en Inglaterra esta intervención se realiza en el segundo trimestre del embarazo."
Un proceso que aunque se considera una complicación (y en países africanos puede llegar a ser incluso causa de muerte), aquí en Suiza no implicaría riesgos graves.
La ginecóloga explica que, en realidad, para los médicos la situación algo más complicada se podría producir en el ámbito socio-cultural.
Hay que tener especial atención en no reaccionar inadecuadamente, por ejemplo, cuando alguna puérpera solicite que se le realice una reinfibulación. O más aún, cuando la familia pregunte al ginecólogo dónde se le puede hacer la ablación a su hija.
Líneas directrices
Susanne Bachmann, especialista en la escisión genital de la organización Terre de Femmes, advierte que no hay ningún centro en Suiza que responda a cuestiones en la materia y "en el sector médico hay un gran vacío informativo".
Patricia Islas Züttel. swissinfo.ch. 11 de marzo de 2005 - 0:27
Cinco niñas, todas ciudadanas noruegas, fueron mutiladas por sus padres, originarios de Gambia. Padre en prisión.
Noruega se ha envuelto duramente en la lucha contra la MGF desde mediados del pasado año. Y por primera vez, padres de Gambia con ciudadanía noruega, han sido condenados a prisión. De momento el padre ya se encuentra en prisión, mientras que la madre no, debido a que está embarazada. Los padres mutilaron a cinco de sus seis hijas. La menor de tres años, no fue mutilada. El tribunal ha puesto a los niños bajo custodia.
Extraído de la página web de la “Waris Dirie Foundation”
En los últimos 80 años, las mujeres de las sociedades democráticas han luchado para que se las reconozca y trate como ciudadanas con los mismos derechos: el de ser propietarias, votar, trabajar, divorciarse, elegir si quieren o no tener hijos, y lo han logrado sólo con la lucha política. Todas esas victorias civiles contribuyeron poderosamente al avance de la vida social y han desempeñado un papel decisivo en el inicio de reformas sociales integrales que han transformado las sociedades occidentales. En esas batallas, el enemigo más encarnizado de la mujer ha sido la tradición, y su incondicional aliada, la religión. Con la ayuda de la información, la educación y la participación popular, mujeres y hombres han derrotado a la ignorancia y la violencia que va estrechamente unida a ésta.
Pero la lucha contra la mutilación genital femenina […] es más bien una lucha contra el miedo a enemigos desconocidos: contra el miedo al cambio, y a las oportunidades y contextos que llegan en su estela. A lo largo y ancho del mundo, desde el África subsahariana hasta la Península Arábiga, desde ciertas regiones de Extremo Oriente hasta comunidades expatriadas en Europa, EE UU, Canadá, Australia y Nueva Zelanda, las mujeres están reaccionando contra el hecho de que se las mutile genital, social, civil y políticamente. En otras palabras, reaccionan contra ser consideradas y tratadas como "un ser ajeno desconocido".
Necesitamos encontrar modos de encarar la falta de una auténtica libertad de expresión de las mujeres en tantas sociedades, y, a la vez, reparar el daño hecho a quienes han sido víctimas de la mutilación. Al hacerlo, debemos ser conscientes de que la solución a la mutilación no puede limitarse sólo a esta cuestión. De hecho, tiene que formar parte de un esfuerzo más global para capacitar y dar derechos civiles a las mujeres, el 50% de las personas que viven en las sociedades donde esa práctica se realiza.
Emma Bonino. Miembro del Parlaniento Europeo, del Partido Radical Transnacional, y ex comisoria de la UE.
International press releases. 12 Dec 2002. Anónimo