La primera dificultad que podemos encontrarnos es el problema del idioma. Además, los inmigrantes y refugiados africanos, o de otras regiones, tienen con frecuencia conceptos diferentes a los nuestros sobre salud/enfermedad así como discrepancias entre su cultura tradicional y la cultura del país de acogida. Además, en el caso de que esté presente un intérprete, siempre se trata de una tercera persona cuya presencia afecta a la confidencialidad de la relación.
Por otra parte, los propios sentimientos del profesional en temas difíciles y privados como la sexualidad y la MGF pueden resultarle incómodos. Otra posibilidad es que exista un rechazo (consciente o inconsciente) a la pluralidad y diversidad cultural con el cual se establece una distancia que impide que la persona sea escuchada, dificultando el establecimiento de una relación positiva de confianza y respeto mutuo. Reconocer los conflictos ayuda a aceptar a la persona y facilita la comunicación.